Grafitis no aptos para clasistas

Danitza Luna hace una defensa de los grafitis inscritos en las paredes del Espacio Simón I. Patiño por el colectivo Mujeres Creando.

Existen varios aportes, también desde el pensamiento feminista, que plantean la idea de que las clases hegemónicas en las sociedades invierten en cultura no por inofensivas motivaciones caritativas o románticas, sino que desarrollan la táctica de utilizar alguna parte de sus excedentes para legitimar su situación de riqueza a los ojos de la sociedad. 

De esta manera se busca que  esa riqueza deje de ser vista como una señal de dominación, explotación o saqueo, y así, hábilmente, estas inversiones en objetos y bienes culturales, se convierten en un acto legítimo, benefactor, digno del aplauso, y claro, en una inversión segura a largo plazo. 

Al mismo tiempo, tal inversión significa que esta clase, que pone la plata, puede imponer su visión y criterio unilateral y autoritario de lo que para ellos les significa cultura, y por lo tanto, merece ser preservado, estudiado y agasajado, y lo que no lo merece. Esta estrategia a mi ver, es bastante perversa porque sus efectos y arbitrariedades van en constante ninguneo y sabotaje de todo lo que a ellos no les parece, ni les conviene que sea también llamado cultura y que circule libremente en los imaginarios y debates sociales.

Hago esta introducción, a propósito de alguna reacción publicada por algún hijo varón de esta pequeña élite cultural boliviana, cuyo nombre ni vale la pena señalar, que fue escrita especialmente hacia nuestros grafitis en las paredes de la nueva construcción de la Fundación Simón I. Patiño en La Paz.

No es casualidad que un integrante de esta pequeña élite, prácticamente haya rasgado sus finas vestiduras al ver nuestros grafitis “ensuciando” una pared de una “obra soberbia y vanguardista y con un aspecto de teatro moderno” según sus palabras. 

No es casualidad que en su visión arcaica, déspota y clasista de lo que para él y su clase le significan cultura o patrimonio, exprese su sentimiento de abominación a tal intervención sobre la pared de una institución que para el “le hace culto a la belleza” pero que también, nada más y nada menos fue fundada con el nombre y fortuna de unos de los personajes que más se aprovechó de las riquezas nacionales y que aportó e impulsó sin ningún escrúpulo la tradición brutal y sangrienta de lo que es y fue la explotación de las minas de Bolivia con tal de agigantar ilimitadamente su riqueza.

Algunos burócratas de la Alcaldía, con una visión igualmente estrecha, maquilladora y distractora de los problemas de la ciudad, también se rasgaron el uniforme por nuestra intervención, más nos gustaría saber si son capaces de desplegar la misma eficiencia e indignación en lo que fue la caída de la última chullpa de La Paz que no cuidaron, o en ver cómo resolverán el problema de la basura cuya gestión ellos tanto se esmeraron en monopolizar.

Para nosotras, que venimos más de 26 años generando una modalidad de producción de cultura original, casi de manera sui generis por fuera de los pequeños círculos culturales bolivianos elitarios y cerrados, no es sorprendente tal reacción, pero valga la situación para mencionar algunas cosas:

— Los grafitis de Mujeres Creando tanto en su forma de ser expresados así como en su contenido son parte de una lucha política, estética y ética por la toma del espacio y el derecho al debate público en un escenario fundamental para nosotras y que defendemos ocupar, que es el espacio de la calle.

— En Bolivia y en cualquier sociedad de contrastes y tensiones, la calle es el escenario donde se han dado las verdaderas luchas y ningún cambio social ni cultural significativo ha sucedido por fuera de la calle, por eso es vital y necesario que la calle sea un escenario horizontal, múltiple y libre, donde no se permita que un solo discurso ni visión se apropie del todo.

— Muchos de nuestros grafitis nacidos y pensados colectivamente para el espacio de la calle, junto a toda la propuesta cultural teórica y práctica de Mujeres Creando, han sido convocados a escenarios internacionales del arte muy importantes debido al reconocimiento de su proceso creativo, su coherencia ética, sus contenidos y estéticas; también son reconocidos como fuentes y señales de un pensamiento profundo y complejo. Llegamos a esos escenarios también de manera muy singular porque no pasamos por ningún filtro de la élite cultural para llegar a ocupar esos espacios bien ganados.

Nuestros grafitis contienen mucha creatividad, reflexión y rebeldía, desde su creación colectiva hasta su ejecución en el espacio público; y su presencia, lo hemos comprobado mil veces, puede generar desde una pequeña cosquilla de inquietud hasta una detonación de rebeldía efectiva e ilimitada.

Como ejemplo pongo a una de mis compañeras, Daniela Valdez, brillante coautora de nuestro último libro Soy lo Prohibido cuya presentación propia en su capítulo dice así:

“De muy niña leí el grafiti ‘Mujer que se organiza no plancha más camisas’, firmado por Mujeres Creando, mensaje que con el tiempo cobraba más sentido y potencia en mi vida. Actualmente soy integrante de este movimiento feminista”.

Los grafitis de Mujeres Creando no sólo son  una acción política y cultural legítima, a contracorriente, subversiva y necesaria, nuestros grafitis en los cuales ponemos nuestra firma y por los cuales damos la cara y aceptamos el debate son también una síntesis muy accesible de nuestra formas y contenidos que refleja la necesidad urgente de recordar la conciencia de un OTRO discurso existente fuera del discurso hegemónico y fuera de la monopolización de la palabra, de quienes pretenden creerse la autoridad cultural, intelectual, la autoridad moral o política que debe domesticarnos sobre lo que debemos decir y pensar. 

Ellos no nos representan y nuestros grafitis, así como nuestras acciones callejeras y producciones y prácticas concretas, son una manera de impugnarles y frenarles el autoritarismo con fuerza y creatividad para decir nuestra verdad directa sin intermediarios, el valor político y cultural de todo este despliegue es incalculable y no apto para arcaicos y clasistas. 

“El racismo cordial no es cultural, es racismo igual.”

“La cultura no es para iluminados, es para iluminar.”

“No vengo de tu costilla, tú vienes de mi entrepierna.”

La Virgen de los Deseos

 

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