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La
complicación o casi imposibilidad de visitar la muestra
mediante la guía imagino busca potenciar que los
espectadores salgamos de nuestra pasividad y adoptemos
una postura activa para descifrar el laberinto… pero me
resulta contradictorio el hecho de que un proyecto que
creo hace emerger otras versiones no hegemónicas,
versiones bastardas que explican cuestiones que la
historia oficial oculta, reinterpretaciones no
etnocéntricas que visibilizan la diversidad de relatos,
pretenda que sus visitantes tengamos que seguir UN
discurso realmente enrevesado -el de la guía- si,
digamos, queremos llegar a comprender. Añadir también el
disfrute con intervenciones interesantísimas como la de
Isaías Griñolo, sobre la contaminación por parte de la
industria química en la provincia de Huelva y la
explotación de inmigrantes en la recogida de la fresa;
el video de Chto Delat sobre la nueva oligarquía rusa;
el mapa de Mátaró para la web de Rogelio López Cuenca,
que da cuenta de las implicaciones del surgimiento de la
industria textil en Mataró con la riqueza procedente del
tráfico de esclavos; el video de Harun Farocki, que
desvela la invisibilidad de los esclavos en las minas de
Potosí en las pinturas de la época, o la instalación
sobre los peticionarios chinos de Zhao Liang., entro
otros. Interesante también la presencia de colectivos
sociales como el Museo de los Trabajadores Migrantes de
Pekín o la lucha de las empleadas domésticas en Madrid.
Pero
vayamos a la intervención de María Galindo, de Mujeres
creando de Bolivia. Creo es la única autora que ha
reinterpretado dos cuadros coloniales. El primero es la
Virgen del Cerro, anónimo de 1720, que muestra el Cerro
Rico, la montaña de plata de Potosí, convertido en el
cuerpo de la Virgen María, como la Pachamama andina. A
sus pies el rey de España, el Papa y demás caciques. El
culto a la Virgen: extremadamente popular y a la vez
patrona de santos, gobernantes e intelectuales,
mediadora principal, tierra y cielo a la vez… Junto al
cuadro, uno de los grafittis de Mujeres Creando reza:
Ave María, llena eres de rebeldía. La virgen rebelde
se materializa en el video La Virgen Barbie,
donde un grupo de mujeres indígenas transporta a hombros
sobre unas andas a una mujer blanca vestida de Virgen
barroca. La tela de su vestido está estampada con
princesas de Disney y como gargantillas y ornamentos
lleva montones de muñecas Barbies ensartadas; una bola
del mundo de plástico en una mano y la cabeza de un
cordero en la otra. La procesión recorre las calles y se
detiene en lo alto de un cerro desde el que se divisa
una impresionante vista de La Paz. Y ahí la Virgen
Barbie comienza su discurso:
Ya no quiero ser la Virgen
Barbie. Ya no quiero ser la patrona del racismo ni la
protectora del capitalismo. No quiero ser la Virgen
Barbie. No quiero enseñar a las niñas a odiar sus
cuerpos morenos…
Tras la
negación del canon previsto para las mujeres
occidentales, pasa a la proposición: No quiero ser
yo. Quiero ser otra distinta. Alegre, amiga, defectuosa,
imperfecta y amante…
Y a
continuación el canto a la mezcla, al mestizaje, y la
heterogeneidad como potencias políticas transformadoras,
en el que resuenan ecos de escritoras y activistas
feministas americanas como Gloria Anzaldúa, María
Lugones o Cherrie Moraga. La impureza y la multiplicidad
son amenazas a la ficción imperialista desde la que se
ha construido el discurso del poder. Pero amenazan
también la ficción indigenista con la que Galindo es
crítica en Bolivia.
Que
detrás de mi el capitalismo se derrumbe y pierda hasta
los dioses y las vírgenes que lo sustentan. Que detrás
de mi se desmorone el racismo y el color blanco que lo
sustenta. Que los úteros de las mujeres blancas puedan
parir hijas morenas. Que las morenas tengan hijos
rubios. Y que el amor y el placer nos mezcle y nos
mezcle y nos mezcle. Hasta diluir todas las estirpes de
nobles , de patrones y de dueños del mundo…
La Virgen
desciende de las andas, le regala el mundo a un niño,
quien juega con él a la pelota, y procede a desnudarse.
Bajo su vestido se muestra toda vendada o envuelta en un
sudario. Las mujeres la descubren y su cuerpo se ve
lacerado, insultado y humillado por el patriarcado. A
pesar de ser el modelo de mujer sancionado por el poder,
o precisamente por eso, porque no existen las mujeres
libres y felices bajo el machismo, aunque sean blancas y
rubias. La protagonista es ataviada por sus nuevas
compañeras al modo tradicional boliviano y, acto
seguido, lava los pies de todas ellas.
Una de las
características de los distintos trabajos de María
Galindo es la posibilidad de sentido y de
descodificación que ofrecen a cualquiera que los ve,
combinada eficazmente con tal riqueza simbólica que
cuantas más cosas sabes, más aspectos puedes
interpretar. De forma igualmente certera combina la
denuncia política directa con la poesía, seduciendo y
dejando una estimulante sensación de belleza sublevada.
Galindo se reapropia de la imaginería patriarcal para
subvertir activamente los modos establecidos de
representación y de expresión falogocéntricas de la
experiencia de las mujeres que tienden a reducirlas a la
irrepresentabilidad. La Virgen Barbie materializa en su
cuerpo un proceso activo de devenir como condición y
posibilidad de un visión alternativa de su subjetividad
y su sexualidad. También en Europa autoras feministas
como Luce Irigaray o Rosi Braidotti han escrito sobre la
necesidad de símbolos para las mujeres. Irigaray propone
una estrategia de mímesis: mimetizar las imágenes y
representaciones que han sido asignadas a lo femenino
por el pensamiento patriarcal pero únicamente para
deshacerlas.
No
quiero ser la madre de dios, de ese dios blanco
civilizado y conquistador. Que dios se quede huérfano
sin madre ni virgen. Que se queden vacíos los altares.
Y los pulpitos. Yo dejo este altar mío. Lo abandono por
decisión libre. Me voy, lo dejo vacío. Quiero vivir,
sanarme de todo racismo, de toda condena, de toda
dominación. Quiero sanarme yo misma y ser una mujer
simple. Ser como la música que solo sirve para alegrar
los corazones. He descubierto que para ser feliz sólo
hay que renunciar a tus privilegios, a tus virtudes y
perfecciones. Proclamo la inutilidad de los privilegios.
La tristeza de los altares. La muerte del capitalismo.
El segundo
de los videos referidos a la Virgen del
Cerro es una desarticulación física y material del
cuadro en sí mismo. Una reproducción de este, en panel a
gran escala, es instalada en medio de un mercado, en la
calle, en la plaza pública, espacio político por
excelencia. Una bailarina asoma la cabeza por detrás
sustituyendo el rostro de la virgen por el suyo propio,
desnuda a Dios y a Cristo que aparecen en la parte
superior del cuadro… lo sobrevuela entero desmontando la
trama de poder que lo organiza, dos coronas imperiales
son desprendidas de la pintura y empiezan a rular por
las cabezas de vendedoras, niños y grandes… Es otra
constante en la práctica de Mujeres Creando el
protagonismo del espacio público y de quienes lo
habitan. La calle como contexto que sostiene y da valor
a todos sus proyectos. Y sus habitantes: la
visibilización de los invisibles, el protagonismo de los
y las sin nombre, con ternura, humor y radicalidad.
El punto
álgido llega cuando una niña afroamericana despega del
cuadro la figura del rey, Felipe V, y le corta
tranquilamente la cabeza con una sierra. Después,
mientras la bailarina danza, esta niña se abanicará
distraídamente con la cabeza recién cortada.
Ambos
videos están engarzados por un tercero, muy cortito,
como un entremés o un anuncio, en el que aparece el mapa
de América. La parte sur del continente se abre y emerge
de ella un rostro de mujer que declara: No recuerdo
mi nombre, pero sé quien soy.
La segunda
pintura colonial sobre la que trabaja Galindo es Las
novicias, anónima del s. XVIII traída desde el
museo-convento de Santa Teresa, En Potosí. Es un cuadro
de gran tamaño, antes de llegar a ella nos encontramos
con una celosía de madera, talmente de iglesia, y tras
el cuadro, el grafitti de Mujeres Creando Tú me
quieres, virgen, tú me quieres santa, tú me quieres
colonizada y, por eso, tú me tienes harta. Frente al
cuadro desde un lateral hay unos auriculares en los que
la voz de María Galindo explica la pintura al modo de
las guías grabadas de los museos. Desde ese lugar tienes
una estupenda visión de las tres capas de la instalación
simultáneamente: celosía, pintura y grafitti. El audio,
cuyo título es Entre dos poderes interpreta
brillantemente la escena pintada añadiendo una serie de
preciosas informaciones que subvierten el relato
oficial. Las novicias son dos adolescentes entregadas
por sus padres, dos caballeros españoles, al convento.
Galindo desgaja toda la red de poderes presentes en la
representación: el eclesiático, el colonial, la nobleza,
las niñas como objetos de intercambio económico, la
monja que las recibe, y aquellas que no están:
La
monja adulta es la extirpadora de preguntas, la
extirpadora de pensamientos, la extirpadora de
rebeldías, es la intermediaria eficiente del poder
religioso. Contempla la escena complacida de ver que la
rueda continúa. Ayer fue ella, hoy son estas niñas.
Contempla la escena sabedora de las infinitas delicias
que las esquinas del convento le ofrecen a las mujeres
que allí viven separadas del mundo por un muro que no
solo las separa, sino que las protege del destino de
cargar con un marido y una familia más deplorables aun
para obedecer que la vida conventual.
Las
niñas muñecas tienen en sus manos un único poder que
ejercer y es el de condenar a su propio destino a dos
jóvenes indígenas sirvientas que correrán la misma
suerte de clausura para servirlas dentro del convento.
Ellas ni siquiera aparecen,
porque no solo son invisibles, sino que permanecen
en un especie de no-lugar, están omitidas. Son las
indias sirvientas atadas al destino de sus patronas. (…)
Los
otros personajes que componen el complejo universo
femenino de las relaciones coloniales no está presente
en la escena; no están las esposas, no están las
abadesas, ni las putas, ni las amantes. No están las
hijas mestizas, ni las indias herejes perseguidas por la
Extirpacion de idolatrias e inclusive las sirvientas
aunque cumplen el mismo destino están omitidas de la
escena. Su ausencia es de muchas maneras otra forma de
presencia omitida, escondida o escurridiza y eso
convierte a la monja-intermediaria y a las niñas-muñeca
en figuras contenedoras de una compleja trama de
personajes femeninos contenidos uno dentro del otro. Una
trama donde únicamente el conjunto permitirá ubicar y
entender la sumisión de ellas, y de todas las otras que
en esta escena no aparecen.
Dentro
de Principio Potosí, esta pieza guardaría concomitancia
con el video de Harun Farocki Das Silber und das
Kreuz (La plata y la cruz), en el que este artista
se dedica a visibilizar el genocidio de los esclavos
indígenas en las minas de Potosí, ausente por completo
de la pintura Descripción del Cerro Rico e Imperial
Villa de Potosí, de Gaspar Miguel de Berrio, 1758.
Como
broche de oro, ambas instalaciones se complementan con
unas primorosas estampas para llevar, cuadernitos a
todo color confeccionados como invitaciones a las
“prestes” bolivianas, fiestas en hornos a santos y
vírgenes en las que la abundancia es la protagonista:
Una oración a Nuestra Señora de los Deseos y una lista,
bajo la advocación del más racista Santiago, de los
intereses españoles y europeos en Bolivia.
Virgen
de los deseos
Repsol
Virgen
de lo prohibido
Unión Fenosa
Virgen
de la locura
Iberdrola
Virgen
que cura toda amargura
AENA
Estamos
bajo tu manto
Banco Bilbao Vizcaya Argentaria
Hermanadas y revueltas
Santillana
Indias,
putas y lesbianas
Maxam
Blancas, negras y mulatas
Zurich
(…)
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