Con una chola en mi corazón

por María Galindo

 

No la saque de ningún retrato de familia, ni de un pasado remoto y escondido
-que quien sabe también exista sepultada bajo apellidos paternos que nos privan de madres y abuelas-.
Pero yo no necesito retratos, ni apellidos, ni orígenes originarios. Yo conocí su olor desde niña, cuando dormía en su pecho, el sudor de sus manos cuando sujetaba las mías para cruzar la calle camino al colegio. La asombrosa y bellísima largura de sus trenzas mientras la miraba por la espalda como quien atisba un misterio. Recién como feminista, recién grande pude descifrar la huella imborrable de esas mujeres en mi corazón, ellas han sido hermanas mayores, madres silenciosas, amigas misteriosas y tramposas. Nosotras nos reímos horas enteras unas de otras y así aprendimos a conocernos y a amarnos.

Hermanada a ellas he crecido sólo que ahora tengo la fuerza de decirlo. Mil gestos de amor podría devolverles no sólo en los octubres y mayo-junios, sino en todos los días de mi vida y en las cosas más cotidianas; cuando voy al mercado, cuando me subo al minibus, cuando compro queso o papa y cuando
grafiteo que me gustan las imillas alzadas y las cholas boconas.

Se abre una semana de horror, una profunda herida. El racismo nos mutila los gestos con que acariciarnos y la pugna de poder quiere arrebatarle el sentido a esta rebeldía descomunal que estalla también en mi pecho blanco y
en mi bolsa del mercado, en las suelas de mis zapatos y en las pizarras de mis aulas.

Cuatro o cinco patriarcas calculan y sopesan fuerzas.
Cuatro o cinco patriarcas hacen maletas.
Cuatro o cinco patriarcas dicen tener claro el panorama y proponen nuevos esquemas de poder, porque nos dicen que es eso lo que está en juego, el reparto de sus tajadas. Como cuando éramos niños y mis hermanos se llevaban la mejor parte de todas las tortas de cumpleaños, mientras nosotras nos retirábamos a la cocina a lamer el molde.

Cuatro o cinco patriarcas opinan con terno o sin terno con chamarra o gorrita; ellos recortan las palabras con que decir mis esperanzas.
Todos están de fiesta, todos quieren torta.
Goni está también de fiesta en Washington.
Quieren concretar un reparto de la tierra y el cielo,
de la esperanza y de la vida.
Quieren decir quien es hermana de quien y quien enemiga de quien
Repartirse además de todo, también nuestros amores haciéndose con nuestras pieles uniformes de colores militares, uniformes de guerra, de odio y rencor.

Yo, feminista, no soy parte de su juego
Estoy en esta revuelta y en la otra y en la otra revuelta más hace hartos años, y esa revuelta es larga de contar por eso lo vengo haciendo en los muros sin cansancio ni tregua.

Aunque te digan loca por luchar
Tú, mujer resiste
has posible tus hermosas utopías

6 de Junio de 2005