No nos representan, nos sustituyen

18/06/2013

Maria Galindo
Mujeres Creando

    Con la revuelta de 2003, la sociedad boliviana logró derrotar al conjunto del sistema de partidos políticos que, expropiándonos la democracia, se habían constituido en mafias de administración del Estado para sus propios beneficios: de clase, de grupo, de sexo, de color, de piel y de familia. Es esa derrota la que recuperó la democracia para los sectores populares y abrió la oportunidad histórica que vivimos y que fue entregada, por la sociedad que la gestó, en bandeja a Evo Morales y al MAS.

    El MAS ya para la convocatoria a la Asamblea Constituyente controló partidariamente la representación política, manteniendo lo más que pudo la vigencia jurídica de la ley de partidos políticos, al punto que seguimos con la ley de Sánchez de Lozada. Porque rápidamente comprendió que su mayor peligro no era la derecha, sino la emergencia de nuevas formas de construcción y de comprensión de la representación política. 

    Su tarea de gobierno fue el descuartizamiento, la cooptación y la partidización de todas y cada una de las organizaciones sociales. Basta ver el ejemplo de la Central de Pueblos Indígenas del Oriente (CIDOB) que hoy está hecha añicos, o el ejemplo de las Bartolinas que no es que estén fortalecidas, sino que se han convertido en una masa fanática de defensa del Presidente donde no cabe la discusión, ni la crítica, ni menos aún la defensa de las mujeres indígenas, y el ejemplo de la violación en Sucre lo demuestra. La actual ejecutiva departamental, para serlo, secuestró por días a la otra electa y lo mismo aconteció con la Fejuve de El Alto, que hoy es completamente oficialista a plan de amenazas y patadas de unos contra otros. 

    Lo que el MAS sabe es que ese tipo de manejos tienen patas cortas porque los que se corrompen fácilmente, los y las que fácilmente se dejan comprar con cargos y prebendas, son los dirigentes y que abajo sigue nomás fluyendo la criticidad y los sueños de la gente que son, finalmente, el motor más potente de cualquier cambio social. Desde ya Evo Morales recurrentemente nos da esta información en sus discursos, porque sabe que la lealtad de dirigentes es una lealtad comprada y que es a las bases a las que tiene que seducir en un juego desesperante y contradictorio que verbaliza en sus discursos hasta el cansancio. El que menos cree en los y las dirigentes es él mismo, porque además son su espejo.

    Esto plantea una nueva complejidad política en el momento actual, donde conviven al menos tres niveles de problemas en el juego de la representación: el MAS se ha ido convirtiendo en una mafia que administra el Estado para su propio beneficio de grupo, en nombre de los indígenas y de los que llama pobres o humildes (ya no le gusta hablar de lucha de clases). No hay espacio ni para la discusión ideológica, ni para la propuesta, ni para la construcción de política porque los únicos dueños son Álvaro y Evo, y son celosos de que nadie más tenga espacio. Las organizaciones sociales en sí mismas no son una alternativa porque son víctimas de esa misma contradicción entre bases y dirigentes y porque las divisiones las han debilitado. 

    El grupo de disidentes tiene como mayor debilidad el hecho de que fueron partícipes de lo que denuncian, porque la descomposición del MAS tiene una larga data marcada por el control de la representación en la Asamblea Constituyente, luego por el pacto a puerta cerrada con la derecha, recortándole a la Constitución muchas cosas, por la represión en Chaparina y la destrucción de las organizaciones de indígenas de tierras bajas, y por la conversión de la Constitución Política en una retórica. 

    La otra complejidad radica en el hecho de que todas estas críticas y este desgaste se convierten nomás en el mejor caldo de cultivo para que la derecha inicie su proceso de re-legitimación política ante la sociedad y mientras eso sucede, unos y otros se echan la culpa de ser los artífices de esa lenta recuperación que espanta.

    Lo que hemos abierto en octubre de 2003 es un proceso profundo que no tiene dueño. Es histórico e irreversible. Yo confío y siento esa fuerza y no creo que la marcha atrás sea un peligro inminente. Pero de lo que estoy segura es de que la mejor manera de cuidar este proceso no es haciendo ni de alcahuete, ni de cliente barata del MAS.

     

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