Bolivia: país de violadores impunes

30/01/2013

Maria Galindo
Mujeres Creando

No porque ella no pudo hacer la denuncia no hubo violación. No pudo denunciar porque el Gobierno boliviano no pudo garantizarle nada para que ella lo hiciera. No le sirvieron las declaraciones de ministras, diputadas, senadoras, oenegeras porque todo eso son palabras y nada más.

La imagino llorosa queriendo hundir su cara en la tierra para que nadie en el mundo la reconozca. La imagino amarrando en un atado cuatro cosas y escapando al amanecer dejando su cuarto sin hacer. La imagino deambular asustada y avergonzada de sí misma.

Su vida se ha roto, como se rompe un plato de barro por la patada abusiva de un machote para quien ella no vale nada. Los organizadores de la fiesta no han huido, dicen que no recuerdan nada y regresan a sus casas donde les esperan con cena caliente. Ellos no han huido, han hecho desaparecer a la víctima, la han hecho huir, la han hecho callar y no sabemos cómo. No sabemos si la amenazaron, si bastaron las condenas del barrio, o las patadas del marido para que la víctima saliera huyendo como si hubiera sido ella la culpable del delito.

Aquello que esta mujer está viviendo se llama violencia machista, se llama Gobierno machista, se llama impunidad para los violadores. No sirven las palabras del Vicepresidente y del Presidente porque ella ha tenido que callar y huir.

La imagino lloriqueando arrepentida, pensando que su delito ha sido haber ido a buscar un trabajo para vivir mejor, comprar útiles escolares para sus wawas y regalos para la Navidad. Se golpea seguramente el pecho con una piedra para moler su tristeza insuperable. No es un daño a su honor lo que ha sufrido, no es un daño a su cuerpo lo que ha sufrido, es un daño a todos sus sueños y a toda su vida.

Imagino que se repite, mientras come sus lágrimas, que los que le dieron trabajo eran amigos de su marido y de su familia y de su comunidad, cómo le han podido hacer esto. Sólo puede haberle pasado algo tan grave porque ella los provocó con su falda corta y su blusa ajustada. La ropa de las mujeres chuquisaqueñas, dentro de la cual, el cuerpo de la víctima era una poesía a la libertad y la alegría. Ella sólo quería trabajar y por eso estaba bien feliz, más feliz que nunca. Por fin ganaría unos pesos suyos y solamente suyos.

En el bus que la saca de su tierra, me imagino que recuerda cuando algún domingo en la plaza les compraba helados a sus wawas para mostrarles orgullosa la linda fachada del edificio que ella dejaba brillando. Imagino la mirada llorosa de su niña pequeña que comprende que todo su mundo se destrozó junto con el de su madre.

Olvídate de ir a la escuela, olvídate de salir a pasear y comer helados en la plaza, nunca más helados y nunca más pasear por Sucre con alegría y tranquilidad.

Nunca más podrá levantar la cabeza porque además de violarla la han silenciado, porque además de violarla la habían alcoholizado, porque además de violarla todos saben que la han violado.

Mientras esto pasa en Sucre, en Oruro hoy, dos chicas acusadas de matar a su violador tiemblan por la sentencia por asesinato que caerá sobre ellas. Nadie toma en cuenta que él las violaba y ellas eran sus trabajadoras del hogar, él las violaba y ellas eran menores de edad. Ellas sólo se defendieron y por eso están hoy en la cárcel. Me cuentan que otros parientes mataron al violador para luego culparlas a ellas y quedarse con el dinero y que aprovecharon el tajo que una logro hacerle en la espalda para acusarlas y apresarlas. Y ahí sí, los jueces, fiscales y policías se movieron rápido y eficientemente.



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