Esposa de militar, escudo de militar

30/04/2014

María Galindo
Mujeres Creando

Históricamente,  en Bolivia las mujeres que han participado en las luchas poniendo el pecho y dando la cara han sido las "esposas de”. Esposas de los mineros, de los policías, de los militares o de los guerrilleros.

Hoy tenemos desplegadas a las esposas de los militares en movilización, cohesionando al movimiento con más vitalidad de lo que lo hacen ellos. Basta ir a su sede para ver cómo, mientras los militares no quieren enfrentar las entrevistas, rehúyen la mirada y queman el tiempo mirando televisión por cable, ellas pintan carteles,

llaman a la prensa, ponen a los hijos en primera fila, cuentan la historia conmovedora y seguramente ellas, además, ponen el cuerpo en la noche para "desahogo” del marido.

Sin embargo, en el pliego de los supuestos protagonistas del conflicto no hay ni un solo punto que las involucre como actoras sociales. Lo mismo pasa con las mujeres de policías y también pasó con las amas de casa mineras y ni qué decir de las guerrilleras.

No es una novedad que los militares, los policías y los mineros son los más violentos en sus relaciones con la compañera, que los cuarteles y las minas están circundadas de burdeles. No es un misterio que muchas son las esposas de militares o policías que han sido asesinadas por sus maridos y luego éstos protegidos  por sus respectivos comandantes. 

Cuando una esposa de militar enviuda debe abandonar el cuartel antes de que siquiera pueda secar las lágrimas. Lo mismo con los destinos: van de sitio en sitio tras el esposo a empezar una vida sin futuro alguno para ellas. Sin embargo, en el pliego petitorio de los insubordinados no hay ni una sola línea que indique, por ejemplo, que en caso de divorcio o abandono de un militar a sus hijos, la esposa tenga derecho a las pensiones familiares que serán descontadas por planilla. Notificar un militar violento en el cuartel es una tarea imposible porque sus camaradas le socapan. Estas esposas tan ágiles para la palabra en la defensa de sus esposos luchan en la más completa negación de su existencia.

Yo entiendo y comparto el hecho de que la lucha social es siempre un acto de generosidad con el "otro”, donde el nosotros adquiere una fuerza mágica y desaparece el yo y el para mí. Pero en los casos que propongo analizar no está  contrapuesto el individuo y sus intereses personales a los intereses de una colectividad. 

Lo que se presenta en estas esposas en lucha es la negación de sí para enajenarse de su propio valor. Ésta es una constante histórica y trágica en la lucha de las mujeres bolivianas y, especialmente, bajo la condición de esposa. 

Fui al recinto de los militares y pregunté directamente: ¿por qué en el pliego no se incorporaba ni una sola demanda que las ampare? Ellas dijeron "porque esta lucha es por ellos y para ellos, porque si la vida de ellos mejora, la nuestra también”. Sabemos que no es cierto, el esposo suele cambiar a la esposa de los malos tiempos por otra nueva cuando los tiempos mejoran. Se trata de una ley de vida en una sociedad machista, sino miren a Revilla, a García Linera.

Esta enajenación enfermiza de la esposa en la lucha por el esposo no se da y no hay ni un solo ejemplo histórico inverso. ¿Se imaginan ustedes a los sargentos y suboficiales abandonando sus cuarteles y poniendo en riesgo toda su carrera por los intereses de sus esposas? Tan sólo invocarlo parece un chiste. No se da porque una mujer esposa no cuenta, no tiene sentido por sí misma, porque su falta de oportunidades en el mundo no son asunto de Estado. 

En nuestra sociedad es el hombre el que otorga lugar, pertenencia social y sentido a la mujer y a los hijos, y no a la inversa. Por eso las esposas pueden dejarlo todo por ellos, pero ellos no lo harán por ellas.

Ésta es una de las razones profundas por las cuales a las mujeres nos cuesta tanto esfuerzo construir espacios de cohesión entre nosotras y adquirir valor público y voz propia, hacerlo es casi saltar sobre el abismo de la historia y del patriarcado entero.
Estas mujeres literalmente dicen: no puedo ser la mujer de mi vida porque soy la mujer de tu vida. Son ellas el escudo protector de ellos y no a la inversa. Un escudo que será tirado una vez que deje de ser utilizado. Esposa de militar, esclava de militar.
 

Son ellas el escudo protector de ellos, no a la inversa. Un escudo que será tirado una vez que deje de ser utilizado.

Fuete: Página Siete


mujerescreando.com
radiodeseo.com

mujerescreando@alamo.entelnet.bo