Repetitiva cuota biológica

 

23/07/2014

María Galindo
Mujeres Creando

El número de mujeres candidatas es un número y nada más. Sé que lo he dicho muchas veces, y no me canso de repetirlo: se trata de una cuota biológica y no ideológica. No es una cuota vinculada con ideas, propuestas, ni con nuevos horizontes políticos. 

El sistema político oficial, formal o partidario, en Bolivia ha podido llegar a un techo de 50% de mujeres sin ningún tipo de renovación de su sustento de representatividad o legitimidad y es ése el dato perverso que es urgente  analizar. 

La paridad y alternancia revelan en ese contexto su esterilidad ideológica y su utilidad para seguir maquillando un sistema de representación partidaria, que está en crisis política porque ni representa, ni deja representar. 

El porcentaje de mujeres en las listas no cambia la mala calidad de las listas. El porcentaje de mujeres en las listas no remedia la falta de legitimidad de las listas, el porcentaje de mujeres en las listas no modifica tampoco la metodología de elaboración de las listas basadas en el favor del caudillo respectivo.

Se pueden meter mujeres sin modificar las bases de representación machista, se pueden meter mujeres sin modificar los presupuestos ideológicos patriarcales, se pueden meter mujeres sin modificar las prácticas violentas y machistas en el partido. Eso es posible porque esas mujeres no entran ungidas de una lucha política, ni de una carga ideológica; muchas veces carecen de una base social propia y responden a la necesidad de la política patriarcal de disfrazarse de mujer, de joven, de pueblo, de indígena, etcétera. 

Ninguna mujer, por el sólo hecho de serlo, representa a las mujeres. Decirlo en el caso de las mujeres parece destructivo, pero si aplicamos esta tesis al mundo de los hombres se evidencia de manera muy grotesca lo que estoy diciendo. En el universo de los hombres, para que un hombre represente a otro no basta la sola condición de hombre, sino que es necesaria la discusión de las ideas de uno y otro, el lugar social que uno u otro ocupan, etcétera, por eso la política es un privilegio masculino que no se rompe si introduces mujeres como cuota desideologizada que no tiene otra posibilidad que adscribirse a la política patriarcal machista.

Intentemos aplicar esto al mundo indígena: Víctor Hugo Cárdenas, como vicepresidente de Sánchez de Lozada, no funcionó históricamente como un representante indígena, sino como el acompañamiento decorativo indígena de quien era dueño ideológico del terreno, es decir Sánchez de Lozada. Por eso su condición de indígena fue funcionalizada por Sánchez de Lozada a sus intereses. 

Es exactamente el mismo fenómeno el de todas y cada una de las candidatas mujeres en las listas. Son funcionales a la estructura y contenidos patriarcales de la política partidaria. Sea que estén como suplentes o titulares o como candidatas a vicepresidentes, son siempre suplentes, son siempre paisaje de fondo, son siempre la hembra del caudillo y para el caudillo. 
Me parece interesante hacer este último ejercicio: para una vendedora ambulante, una maestra o una estudiante universitaria éste es un dato irrelevante. Ninguna mujer de a pie se siente beneficiada con la posibilidad de tener senadoras o diputadas o vicepresidentas. 

Al mismo tiempo son precisamente los dueños del aparato de representación política quienes nos restriegan en la cara el supuesto logro; "ustedes son lo mismo que nosotros y nosotros somos tan generosos de compartir el espacio con ustedes las mujeres”. 

No se trata de un comportamiento casual, a quienes realmente beneficia la cuota es precisamente a los hombres y sus privilegios en la política, porque poner mujeres en alternancia les resulta muy útil. Útil para usar una mujer de escudo contra un rival político -es decir otro hombre-, para que las mujeres, en sus objetivos sociales, estén encerradas en los mismos esquemas políticos que los hombres; para tener mujeres a mano que hagan, como en la casa, el trabajo doméstico de la política; es decir el mayor esfuerzo por legitimar su lugar haciendo el trabajo indeseable. 

Tienen un lugar, tienen que ganárselo, así que a colar afiches, recaudar fondos, cocinar para las concentraciones y sacarse la mugre, como siempre, y, después de una larga jornada de campaña, pagar también en la cama el derecho, dizque de ser candidata.

Fuete: Página Siete


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