31 Bienal de Arte de Sao Paulo

30/07/2014

María Galindo
Mujeres Creando

Poniendo en cuestión el "calificativo” y el lugar social de "artistas”. Planteando como contraposición a esta noción la idea de que la creatividad es universal y que no es propiedad del "artista”.  Sin producir objetos comerciales  ni comerciables. 
Sin haber jamás tocado las puertas de las galerías,  ni aspirar a decorar bancos  ni gobiernos.

Repudiando las paredes de todas las instituciones oficiales del arte. Repudiando su carácter elitario y aburrido.
Repudiando el papel de bufón del poder que "el arte” en general ha venido ocupando en la sociedad. 

Sin galerista que nos promueva, comercie  ni venda internacionalmente.
Sin crítico que se ocupe de tasar nuestro trabajo.  Atravesando como una flecha cargada de fuego y esperanza todos y cada uno de esos filtros, estaremos una vez más las Mujeres Creando en la 31 Bienal de Arte de Sao Paulo, por invitación directa, por encima de los administradores de la representación artística nacional, tanto la oficial gubernamental, como la no oficial apolillada. 

¿Cómo es posible un fenómeno tal? Ya escucho a los dueños de la crítica y herederos de la historia oficial del arte en Bolivia decir que una cosa semejante sólo puede responder al extravío del arte mismo, a la desinformación sobre la increíble actividad artística a nivel nacional. 

No  vamos en representación del  país;  las condiciones de la bienal no suponen la representación por países, sino la selección de las propuestas que aportan a la inagotable discusión sobre aquello que se entiende hoy por "arte”. No rellenamos, por tanto, el lugar país, vamos con nuestro propio nombre.

Es posible un fenómeno así por la trascendencia intrínseca de la propuesta, por la fuerza de nuestro lenguaje, por la destructividad de símbolos patriarcales que contiene nuestro trabajo, por la capacidad de reinventar la propia realidad. 
Es posible un fenómeno así por la relación que la producción de Mujeres Creando plantea entre ética, estética y lucha social. Todo eso que en las academias no existe y ni siquiera se imagina. Todo eso que en las galerías se desprecia porque no es vendible. Todo eso que en los museos ya está apolillado. 

Concretamente, estrenaré en la bienal uno de los cortos que componen la obra 13 horas de rebelión. He escogido de todos aquel  que plantea una de las luchas más duras de las mujeres en el mundo. Aquella lucha en la que hemos sido traicionadas por estas izquierdas que tanto ceden y tanto se parecen a las derechas que critican.
No voy a la bienal en busca de legitimación artística, porque tal legitimación no me hace falta. La legitimidad de mi trabajo es el surco abierto en el imaginario boliviano, es la imagen grabada en la retina de las adolescentes, es la locura contagiosa desplegada.

Acepto la invitación porque supone el acceso a más de 500 mil  espectadores; supone poder seguir garantizando la sostenibilidad de mi trabajo; supone una palestra de discusión en torno de filosofía y política; supone demostrar la universalidad de mi trabajo.

Voy  acompañada de   Esther Argollo, una escultora feminista boliviana integrante de Mujeres Creando, una mujer anónima que jamás tendría, gracias a la mezquindad del medio, el espacio para confrontar su copiosa creatividad con un escenario como el de la bienal.

Acepto la invitación porque detesto el maniqueísmo entre lo alternativo esquematizado y lo institucional esquematizado. Dadas las complejidades de las relaciones sociales en las que estamos, todo maniqueísmo es una simplificación inaceptable. 
La bienal forma parte de la cúspide del sistema oficial del arte que repudio estar allí presente -acepto- resulta contradictorio. Asumo la contradicción segura de que esa estructura tiene hoy tantas grietas en su conceptualización, que bien merece la pena agudizarlas con nuestra peligrosa presencia. 

La obra será estrenada en Bolivia en noviembre y el fragmento que llevo se llama Úteros ilegales;  el espacio a exponer en Sao Paulo se llama Espacio para abortar.

No saldré de la bienal amansada  ni menos amancebada por el sistema "arte”. Segura estoy de salir con más ganas de joder, como me aconteció ya tantas veces que entré a las grandes instituciones del arte, como lo que soy:  Una intrusa, una impostora sin disfraz.

Fuete: Página Siete


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