Entre birlochas y ekekas
 

Colanzi comenta Espejito mágico, un texto en el que María Galindo reúne una serie de semblanzas publicadas en su columna.

04/10/2015

Liliana Colanzi
Escritora

Este libro quiere ser precisamente una toma de conciencia acerca de las dinámicas que operan en la vida cotidiana de mujeres de diversos oficios, edades, clases sociales y etnicidades en Bolivia y que contribuyen a reforzar su estado de subordinación.

¿Cuál es la situación de las mujeres en la Bolivia de hoy? María Galindo de Mujeres Creando intenta responder a esta pregunta compleja a través de una serie de retratos de personajes que condensan el momento actual del país en cuestión de género. Si bien asistimos a un momento de reivindicación de lo indígena, María ha advertido desde hace tiempo que la descolonización del país no puede realizarse mientras las mujeres sigan siendo consideradas ciudadanas de segunda clase: una revolución no será tal si está cimentada en la explotación de la mujer. "El Estado boliviano fue patriarcal, machista y masculinista desde su creación y lo sigue siendo hasta hoy”, denuncia en este libro.  

La explotación de la mujer se ha llevado a cabo a través de la invisibilización del trabajo doméstico, que no es remunerado y que se exige como parte fundamental del rol de la mujer, y a través de la subordinación de la mujer al hombre. María Galindo señala que las mujeres se han incorporado al mundo público sin haberse liberado del trabajo doméstico y sin cuestionar el orden de las cosas: lo que pareciera una conquista se convierte en otra forma de sometimiento si no está acompañada de una toma de conciencia con respecto a las relaciones de poder que nos rodean. En otras palabras, María llama a una politización del ser mujer. 

Este libro quiere ser precisamente una toma de conciencia acerca de las dinámicas que operan en la vida cotidiana de mujeres de diversos oficios, edades, clases sociales y etnicidades en Bolivia y que contribuyen a reforzar su estado de subordinación. "La base de la sociedad, lamento darles la noticia, no es la familia. La base de la sociedad es el poder del hombre sobre la mujer en el ámbito privado”, afirma, y continúa: "...el feminismo denuncia que el mundo privado y, por lo tanto, todo lo que pasa dentro de la casa es producto de relaciones de poder”.

Estas viñetas analizan y ejemplifican las relaciones de poder con las que se enfrentan las mujeres. Ningún espacio le parece a María insignificante como para no ser "analizado, cuestionado y, sobre todo, transformado” por el feminismo, y esto es "lo que diferencia al feminismo de todas las ideologías”. Así, María cuestiona el lugar pasivo de las ministras y diputadas bolivianas dentro de un Estado machista que las utiliza para rellenar una "cuota biológica” sin otorgarles poder real de decisión; cuestiona también que las indígenas campesinas permitan ser relegadas a cómodos "emblemas” de autenticidad étnica en vez de embarcarse en una lucha por la transformación de las condiciones de explotación en las que viven las mujeres en las áreas rurales. 

Y si bien reivindica la amistad entre mujeres como espacio fundamental de cohesión en el que se construye "valor público y voz propia”, no lo hace de manera ingenua: la experiencia de ser mujer no es igual para la mujer blanca de clase media o alta que para la chola o la cunumi. 

En ese sentido, María se refiere con mucho cariño a la birlocha, esa que desde su condición de "anti-señorita” interpela "al clasismo, a la alcurnia y al refinamiento”. En un Estado que celebra la categoría de ciudadano "originario”, a manera de compensar por la humillación histórica del colonialismo, es importante su predilección por la birlocha, esa mujer a la que no le interesa reclamar autenticidad alguna en su origen. 

Así como este libro es una interpelación a la mujer en sus distintos roles, es también una fuerte crítica a un Estado patriarcal que ejerce su poder sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres. En un texto en el que imagina la trayectoria de Evo Morales de haber nacido mujer (en el caso improbable de que esa Eva imaginaria hubiera llegado a la presidencia), María escribe: "Yo estoy segura que esa Eva, sin dudar ni un minuto, habría despenalizado el aborto, simplemente para que las mujeres pobres no mueran. Yo estoy segura que esa Eva habría condenado la violación dentro del partido y en las organizaciones sociales y no lo hubiera tapado y socapado como lo hizo Evo en el caso de Sucre. Estoy segura que esa Eva exigiría que todos y cada uno de los militares del MAS cumplan con las pensiones familiares para con las ‘wawas’ que van abandonando en el camino”. 

Estos retratos se valen de arquetipos que ayudan a identificar conductas y actitudes presentes en la sociedad boliviana. Una de las limitaciones de los arquetipos es que no pueden abarcar la multiplicidad de lo social: los arquetipos son útiles hasta cierto punto y los lectores podrán reconocerse o no en ellos; de todos modos, es importante repensarlos, cuestionarlos y debatirlos, y eso es lo que María hace con creces. 

Quizás el personaje más esperanzador sea uno inexistente, el de la ekeka, esa figura de yeso que no representa a una mujer en particular sino -nos dice María- el momento histórico por el que están pasando cientos de miles de mujeres bolivianas. Unas palabras de María sobre la ekeka podrían también resumir el espíritu del libro: "...es una mezcla de realidad y sueño, por eso es una especie de   augurio y, al mismo tiempo, un retrato de un estado de ánimo de un momento en el que estamos muchas mujeres bolivianas, un estado de ruptura, un estado de  búsqueda,  un  estado  de  lucha,  un  estado  de  rebeldía,  un  estado  de esperanza, un estado de libertad, que nos mueve de donde estábamos hacia otro lugar nuevo que estamos inventando”. 

La presentación del libro Espejito Mágico será el martes 13 de octubre en el MUSEF, y los comentarios estarán a cargo de Helen Álvarez y Silvia Ribera Cusicanqui.

Fuete: Página Siete


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