NO SE PUEDE DESCOLONIZAR SIN DESPATRIARCALIZAR

DI FEMINISMO. Una de las cualidades más valiosas del libro de María Galindo es que funciona como el primero sobre feminismo que alguien podría leer y como el más actual y necesario en el contexto boliviano

PAOLA SENSEVE | ESCRITORA

Pocos libros son tan urgentes como este. Se trata de la última publicación de Mujeres Creando, de la mano de María Galindo: No se puede descolonizar sin despatriarcalizar. Vivimos una época y un Gobierno que nos repite a cada momento que la solución, que la única salida es la descolonización; sin embargo, ninguna propuesta logra su cometido porque solo son ideas incompletas.
Entonces, llega este libro y queda claro que está faltando un aspecto muy básico, porque en palabras de la autora: “el feminismo no es un tema entre tantos temas, sino que es la posibilidad ideológica de poner en cuestión las discusiones centrales de cualquier sociedad”.

En primer lugar, agradezco profundamente la manera en que ha sido escrito, complementándose con fotografías, poemas, anécdotas y mostrado a una Galindo firme, pero dulce.

Este no es otro libro de teoría que solo las personas que tengan un bagaje en el tema podrán asimilar. Quizá una de las cualidades más valiosas de No se puede descolonizar sin despatriarcalizar es que funciona tanto como el primer libro de feminismo que alguien podría leer, y como el más actual y necesario en nuestro contexto

Cuestionamientos
¿Por qué no se puede descolonizar sin despatriarcalizar? ¿Por qué es imposible hablar de colonización sin entender lo que es patriarcado? ¿Cuál fue el papel de la mujer en el mundo precolonial y colonial? Son algunas de las preguntas que este ensayo se encarga de esclarecer, como el hecho de que uno de los pilares estratégicos de la colonización fue el sometimiento a las mujeres. Ejemplos claros de temas imprescindibles para la despatriarcalización se analizan, como la representación política de las mujeres, reducida a una cuota de mero contenido biológico; la soberanía de sus cuerpos, como el aborto y la maternidad; y los derechos sexuales y placer, totalmente ignorados.

Inclusión
María también resignifica el feminismo bajo la concepción de la despatriarcalización, renegando de conceptos como género, igualdad y violencia intrafamiliar que solo funcionan como placebos.
Galindo lo retrata claramente cuando dice: “Una cosa es impugnar, subvertir y cuestionar el sistema; y otra muy distinta es demandar inclusión”.
Gran error del que somos parte sin darnos cuenta del daño; uno de los ejemplos son las militares, figura que antes no existía, pero que sin embargo es un mero ardid en el que la mujer tiene que convertirse en hombre para encajar. “La idea de que lo único que nos falta a las mujeres en el capitalismo es una serie de derechos a adquirir, es la idea más perversa y conservadora de cara a las luchas feministas del mundo”, asegura Galindo.
María propone despatriarcalizar a través de una alianza insólita entre mujeres, entre ‘buenas’ y ‘malas’, entre las que no se supone que deba haber coalición. “Ser mujeres no como un hecho biológico, sino como una condición histórica y social”. También nos abre a la posibilidad a la hermosa realidad de ser protagonistas en la unión, asegurándonos que no es necesario gobernar u ocupar espacios de poder para realizar cambios y nos dice: “La lógica de la lucha no es la victoria finalista, sino el sabotaje permanente y tenaz”, regalándonos en palabras sencillas un pedazo de la fórmula: “La metáfora perfecta de la despatriarcalización es la de una fábrica de justicia”.

Desde la rebeldía
Por último, invito a la lectura de este libro necesario, que nos interpela como mujeres a soltar nuestra enseñada condición de víctimas, a aliarnos sin distinción, a mirarnos las unas a las otras como espejos, para poder hacer de nuestras vidas una fábrica de justicia, una constante lucha contra la despatriarcalización; y hacerlo desde nuestras rebeldías, pequeñas o gigantes, nuestras decisiones, nuestra manera de expresarnos, nuestro no conformarnos. Es fundamental que dejemos de avergonzarnos de la lucha, que podamos decir feminismo sin tartamudear, sabiendo que eso no nos convierte en enemigas de los hombres, ni renegadas, amargadas o resentidas.
Nos hacen creer todo eso, porque nos quieren adormecer, porque de esa manera todo sigue igual. Aceptemos este regalo con los brazos abiertos, porque pocas veces y pocas personas nos hablan con tanta sinceridad y amor como lo hace María Galindo